Pbro. Marcelo Barrionuevo
El texto evangélico de este domingo nos plantea la curación de una mujer que sufría una enfermedad desde hace mucho tiempo y, por otro lado, la resurrección de la hija de Jairo. La vida y la muerte son los temas recurrentes de estos tiempos de covid-19, y cruzan transversalmente todo tipo de conversaciones y planes de vida.
El evangelio nos plantea la firmeza y confianza que debemos tener ante la petición a Dios y además nos enseña la importancia de tener fe fuerte para realizar lo pedido.
Vida y muerte, realidades que son inexorables y de las cuales no podemos escapar, porque somos vida y en algún momento experimentamos el paso de la muerte.
Como Jairo ante su hija gravemente enferma, muchos ven que nuestro mundo familiar, laboral, social, está también enfermo. El tejido social ha sido invadido por el cáncer del utilitarismo. Ya no hay principios. La falta de escrúpulos en los negocios, la corrupción política, jurídica, policial...; la mentira, la vulgaridad se adueñan de la situación.
La nueva realidad del mundo, transido por la lucha de la vida frente a la pandemia de la muerte, ha puesto de relieve todas las miserias humanas personales, familiares , sociales y globales. Vivimos el desconcierto de la incertidumbre y al mismo tiempo la urgente necesidad de luz para seguir en el camino.
¿Qué hacer para que el avance del mal no produzca una metástasis mortal? Acudir, como Jairo, a Cristo. “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella para que se salve y viva”. En el camino hacia la casa de la enferma llegaron con esta noticia: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?”.
¿No tenemos a veces la impresión de que hay obstáculos que no podremos superar nunca? Hay momentos en que parece que todo se derrumba. ¡Es inútil! ¡Esto no tiene arreglo! Con este marido, con esta mujer, con estos hijos, en este ambiente..., ¡no hay nada que hacer; para qué molestarse! “Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo a Jairo: “No temas; basta que tengas fe”. Es la condición que pone el Señor para la solución de muchos de nuestros problemas. No perder la confianza en Dios.
Ya en casa de Jairo, encontró el Señor un gran alboroto y los lloros de los que llenaban la casa, y les dijo: “la niña no está muerta, está dormida”. A los ojos de Dios las cosas no son como las vemos desde nuestra postración espiritual, con una mirada exclusivamente humana y, menos aún, catastrofista. ¡No todo está perdido, ni carente de solución en nuestro mundo!
Dice el evangelista que “se reían de él”. No es fácil en las horas bajas de la vida evitar una mueca burlona y escéptica: ¡Hombre, no me hagas reír! ¡Esto no tiene solución! ¿Quién no ha mirado con ironía o con lástima a quien ofrece una visión optimista ante una catástrofe? Se reían de Él. Pero Jesús, tomando de la mano a la niña, la levantó y se llenaron de asombro. ¡Fe en Dios y en la Iglesia, y pondremos de pie muchas cosas que han sido abatidas!